Contaminación acústica

Quiero dar continuidad a mi colaboración en este blog con un asunto del cual estamos totalmente condicionados en nuestras vidas, pero que no le prestamos ninguna atención al pasar desapercibido allá donde desarrollemos nuestra existencia. Me refiero a la contaminación acústica.

Soy consciente de que este tema puede suscitar cierta controversia, precisamente por esa desacertada aprobación de la que goza permanentemente.

Mi análisis se centrará preferentemente en la vida que transcurre en las ciudades. En zonas rurales y demás lugares menos habitados por hombres no veo que afecte tanto.

Si bien es un tema que nos concierne a todos sin excepción, soy de los que piensa que a medida que nos hacemos grandes va muy en detrimento de nuestra salud.

Una de las claves para comprender que la contaminación acústica es un enorme escollo para nuestro bienestar es que viene determinado casi en exclusividad por el ser humano. Todos los avances tecnológicos y sociales para “mejorar nuestra vida” han traído consigo un desgaste en nuestras psiques que nos está mermando mucho como personas.

Desde un simple y molesto portazo de un vecino que no cierra adecuadamente la puerta de su vivienda, pasando por ciudadanos insolidarios que viajan en transporte público con sus dispositivos a todo volumen, hasta el pandemonium generado por el PAKI-BUTANERO anclado en el siglo XX y el tráfico incesante de las calles repletas de autos que siempre llegan tarde a sus respectivos destinos.

Sea como sea, como escribí en la introducción, nos hemos acostumbrado a esos ruidos anti-naturales, dejándonos llevar por el frenesí de la actividad diaria.

Si aunque fuera por un instante tomáramos consciencia de lo dañino que son estas alteraciones en nuestro ciclo vital, trataríamos de suavizar nuestras acciones para que no repercutieran tanto en nuestro momento.

Todas estas disfunciones acústicas, a parte de ser muy molestas; cuando tomamos conciencia de ellas; observamos que nos restan atención y presencia, no nos permiten centrarnos en nuestro presente tan valioso y único.

Hay quien dice que nos puede servir de entrenamiento para alcanzar el silencio externo que conduce al interno, pero yo creo que sería más fácil esta tarea si silenciáramos todos esos ruidos innecesarios, molestos y que tanto nos distraen sin darnos cuenta.

También podemos incluir en este basto repertorio conversaciones futiles, oradores rapsodias vende humos: sean políticos, comerciales, comerciantes de espiritualidad, todo eso que en realidad no nos aporta casi nada también nos contamina.

Tendríamos que darnos cuenta que estamos planteando el asunto al revés. Cuando podemos escapamos del bullicio de las urbes a lugares de naturaleza, cuando debería ser nuestro hábitat, de hecho lo es sin sacarle partido.

La clave de todo esto es, que de a poco, sin darnos cuenta todas estas barreras acústicas nos minan la moral vorazmente y nadie le pone remedio, siendo así que cada día que pasa nos gana cada vez más la partida.

Una vez más nuestra oportunidad de salir de este bucle infernal es actuar individualmente en pro de un bien colectivo.

En un mundo repleto de ruido el silencio es el mejor sonido.

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