Rodocrosita

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En esta ocasión, quiero compartir con todos vosotros y en especial con mi amiga Paqui, el capítulo que le dediqué a este precioso mineral de mi libro Piedras que curan, testimonios.

Hace unos días, el mismo día que mi amiga se compra un ejemplar muy bonito, (como diría mi amiga Carmen experta en el tema, “no por casualidad”) en un momento de descuido se le cayó y se le hizo añicos. Antes, me había mandado una foto de ella para que pudiera ver lo hermosa que era.

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Muchas personas pueden sugerir que esto indica mal augurio, pero yo lo que le hice llegar cuando me comentó lo ocurrido es que ha sido un toque de atención, de ella misma en otro plano, en otra vibración, con otra visión seguramente más amplia de la que estamos habituados.

Quizás, toda esta información sobre este mineral Semi-precioso nos llegue por el momento de crisis que estamos pasando a nivel global y cada uno en su micro-universo personal.

Os dejo con el capítulo mencionado.

Besos a todos

 Rodocrosita y a compartir

 Los asuntos del corazón son especialmente duros, y en especial cuando eres primerizo.  Con el tiempo, da la sensación como que uno se hace más fuerte ante los posibles desengaños que pueda sufrir. Pero, que mal se pasa la primera vez.

La vida le sonreía a Roberto, gozaba de una excelente salud, tenía un buen trabajo que le permitía darse algún que otro capricho y tenía pocos pero excelentes amigos, de los que no sólo estaban presente en los buenos momentos. En los estudios también le iba muy bien.

A pesar de su fortuna cotidiana, no era muy dado a expresar sus sentimientos, ni siquiera con sus personas de confianza, se le podía considerar más bien tímido y reservado, cuestión que le reportaba dificultad a la hora de compartir sus vivencias con los demás, pero sobrellevaba el tema con sobriedad.

Resultó que comenzó a salir con una chica, Remedios, era la guinda que culminaba su existencia. Le aportaba mucha serenidad y se complementaban a las mil maravillas. Con el tiempo, la relación se fue consolidando, se entendían y comprendían muy bien, aún llevando muy poco tiempo juntos. Hasta tal punto era la ilusión que tenía Roberto, que decidió darle una sorpresa a Remedios. Iba a comprometerse con ella para el resto de sus vidas. O al menos, eso era lo que el esperaba después de la velada idílica que había preparado hasta el mínimo detalle ese mismo día.

Siempre había soñado con ese momento y ese desenlace, llegado el caso, podía ser un brillante colofón a su intachable trayectoria por el tránsito de la juventud a la madurez.

Si se lo hubieran llegado a vaticinar, nunca lo hubiera creído, fue tal la decepción de Roberto a la respuesta negativa de Remedios a su propuesta de compromiso, que éste, se hundió en un pozo de zozobra y desesperación.

No le dio lugar a réplica, la contestación de su entonces compañera sentimental, fue rotunda y ausente de ningún tipo de emoción, inclusive parecía otra persona diferente, como si todo ese tiempo de noviazgo hubiera vivido en otra realidad paralela muy dispar a la de Roberto.

El decepcionado muchacho cambió. Se cerró más aún de lo que era, ya apenas comentaba nada, y menos aún del desafortunado incidente. Parecía como si la suerte le hubiera dado la espalda.

Los padres del chico, después de achacar su reacción a una cuestión propia de una edad temprana, al ver pasar los días y las semanas y no ver ningún cambio sustancial en su hijo, decidieron tomar parte en el asunto. Acudieron a un terapeuta natural. Estaban de acuerdo en que no era necesario asistir a un psicólogo, pero sí le hacía falta algún tipo de ayuda o empujón a aquella situación crítica por la que pasaba su vástago.

El profesional, después de escuchar tanto a Roberto, como a sus padres, resolvió que le vendría muy bien una terapia con Minerales. Concretamente le aconsejó tratarse una temporada con una Rodocrosita, Según el terapeuta, este Mineral le iba a compensar a Roberto su falta de compasión y amor hacia si mismo y armonizaría al completo todos sus cuerpos.

También le vendría muy bien para curar su herida sentimental y liberarse de  su inmediato trauma vivido.

A Roberto ya le daba todo igual, así que no opuso resistencia al tratamiento propuesto.

Para que surgiera mayor efecto en su organismo, debía beberse todos los días en ayunas, medio litro de agua de esencia de la Rodocrosita, que tenía que estar sumergida por las noches.

El diagnóstico no pudo ser más acertado, al cabo de unos días de seguir el tratamiento, ya se le empezó a notar algún avance, no hablaba del tema directamente, pero si iba haciendo alguna referencia, poco a poco, ya se le veía mejor cara, ya se animaba a compartir opiniones sobre asuntos que le concernían tanto a él como a  sus más allegados.

Al cumplir el mes, sorprendió a todo el mundo comunicando que había conocido a una chica en el instituto y comenzaban a salir juntos. Nada serio, pero ya era un paso muy importante.

En una de las charlas familiares, llegó a decir que en esta ocasión, iba a ir más despacio, e iba a ser más prudente. Que en lugar de montarse él su propia película, compartiría su visión de las cosas en primer lugar con su pareja, y después, si daba a lugar con ellos.

 

                          

                   

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