Un viaje como un Druida

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Alguna vez cuando habéis estado en un bosque no muy transitado, más bien …solitario y rodeado por naturaleza verde, hojarasca de color marrón rojizo, distintas tonalidades de la paleta de colores otoñales bajo un cielo no muy claro pero iluminado de tonos grisáceos en plena discusión con su tono habitual azulado .De entre esas pequeñas masas amorfas de figuras cambiantes por ese pequeño viento que no hace más que acariciar y enfriar el rostro que observa como en su alrededor todo despierta y se transforma, como el rocío da de beber a pequeños seres y al mismo tiempo intenta dar esa humedad al mismísimo suelo que con sus caminos subterráneos nos da de beber y comer, por un momento nos hemos integrado a ese paisaje de un bosque, como si hubiéramos hecho comunión con la naturaleza, incorporándonos en su piel, sintiendo su fragancia como si fuera su olor corporal natural, según el viento nos lo acerque a nuestro sentido olfativo. El mismo que nos puede guiar a un paraíso como a un infierno.
Es como hacer un viaje astral, estar en medio de ese claro en el bosque y sentirte parte de él, pero al mismo tiempo te ves tú, estar allí con cara alzada, brazos extendidos en posición similar a dar gracias por estar donde estás, por ver lo que ves y sentir lo que sientes en ese momento por tener como hermanos en ese momento a unos seres silenciosos, pero que sabes que allí entre ellos sientes ese murmullo, que cada vez que se produce rápidamente desde otros puntos hay una contestación si cabe como un unisono. Es un momento único y difícil de conseguir pero es una experiencia que realmente llegas a dudar si realmente ha sido o no.

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Cuando después de sentirte parte de la naturaleza sientes como todo en torno a ti parece moverse como en una danza druida con movimientos lentos parece que las ramas te señalan el movimiento que debes hacer ese pequeño vaivén de ida y vuelta, esa fragancia campestre que poco a poco te va induciendo a un estado de comunión. Tan pronto estás dentro, empiezas a escuchar como un pequeño riachuelo minúsculo que sale de una fuente hace de música junto al viento susurrante, que sigue hipnotizándote.
Es una experiencia que puede durar tanto y como no tengas prisa, tanto como que nadie te moleste, tanto como tú quieras sentirte parte de la naturaleza, tanto como que no te des cuenta que tú mismo te estás observando desde alguna parte sin ser consciente.
Quizás esta pequeña comunión es lo que sintieron los Druidas, por supuesto mucho más profunda, y por supuesto sabiendo interpretar todos los signos de la naturaleza…o quizás fuera al revés, ¿fue la naturaleza los que los eligió?
Sea como sea, el humano ha perdido el instinto de poder estar en comunión con la naturaleza y de ser como uno más.
Esto lo sentí no hace mucho en el Parc de Collserola, en la Font de la Budellera, muy temprano amaneciendo. Eso sí, sin cascos y con móvil apagado.

Javier (El Barbaazul)

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Un comentario

  1. Muy intersante escrito, me recuerda a una sensación parecida que tuve hace unos días, una conexión con mi entorno tan fuerte que me provocaba euforia, como si de repente el color i el grosor de un árbol me emocionara y corporalmente me hiciera expresar mis sentimientos con el cuerpo.
    Gracias!!

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