Los silencios…¿hablan?

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Hace poco tiempo una amiga dijo “los silencios hablan más que las palabras” eso me dio que pensar en mi y en mis escuchas interiores y exteriores.
Hay silencios comunicadores como el silencio de un bosque, el silencio del curso de un rio, el silencio de caminar, el silencio de una meseta, el silencio incluso de un lugar que simplemente nos haga sentir a gusto con nosotros mismos, en multitud de ocasiones simplemente necesitamos un reposo, un silencio y reencontrarnos con el interior nuestro.
Algunos cuando vamos al monte o simplemente tenemos ocasión de andar por las sierras y poder sentarte a contemplar la naturaleza podemos llegar a creernos que el viento que nos acaricia la cara, que nos llega a susurrar algo ininteligible en nuestros oídos acariciando nuestros sentidos más dormidos, haciéndonos más perceptores de nuestro entorno o nuestro interior. Intentamos creer que es un mensaje para nosotros, que somos su destinatario. Pero en muchas ocasiones creo que ha sido mi interior el que ha querido comunicarme algo desde el interior utilizando el exterior como una ráfaga de aire, o por medio de un susurro, o murmullo, o por medio de imágenes que hacen que la mente se relaje tanto que empiece a ordenar pensamientos que están totalmente alborotados por el caos cotidiano. Momentos donde mi alma esta receptiva a mis pensamientos, o mi mente está ansiosa de que esa tranquilidad sea el canal comunicativo para que ciertos aspectos de mi se pongan en orden como si fuera una estantería de libros, que he de ordenar. Que en muchos casos como hace poco tiempo una amiga dijo “ los silencios hablan más que las palabras” y hay silencios comunicadores como el silencio de un bosque, el silencio del curso de un rio, el silencio de caminar, el silencio de una meseta, el silencio incluso de un lugar que simplemente nos haga sentir en paz con nosotros mismos.
Por ello da igual el sitio donde estemos, cada cierto tiempo tenemos que encontrarnos con nuestro interior, incluso escucharlo, hacer caso a nuestras percepciones a nuestros instintos que tapamos con tanto ruido externo.
Creo que muchas veces deberíamos intentar oírnos a nosotros mismos, quizás a poder hacer una comunión entre nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón.

Javi
El Barbaazul

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