Conexiones

ànima

¿Cuántas veces os ha pasado que cuando queríais llamar a alguien de repente ha sonado vuestro teléfono y era esa persona quien os llamaba? Seguramente muchas, ¿verdad? A mí me sucede a menudo, especialmente con mi hermana.
¿En cuántas ocasiones habéis pensado en una persona y, casualmente, os la habéis encontrado en un local o caminando por la calle? Probablemente también en más de una.
Es curioso, pero estas cosas pasan. Algunos/as dirán que es casualidad, otros/as causalidad… el hecho es que suceden y no sabemos por qué.
Recuerdo una ocasión en la que quería comprarle un regalo a una amiga con la que quedé y que no veía desde hacía años, ya que vivía fuera de Barcelona. El día antes de la cita estuve pensando durante horas qué le podía regalar y cuando me acerqué al centro de Barcelona para mirar un par de tiendas…. me la encontré cara a cara. Yo lo atribuyo al hecho de haber estado pensando en ella mucho tiempo y, de alguna manera, haberla “llamado”. No sé si recordáis la escena en la ópera de la película “La vita è bella”, cuando el protagonista se concentra en la nuca de la persona que quiere que le mire… Bueno, pues sería un poco eso, pero en la distancia. Eso sí, sin decir: “Schopenhauer, Schopenhauer…”, como hacía él.
Y si vamos un poco más allá… ¿alguna vez de repente habéis pensado en alguien y os habéis sentido alegres o profundamente tristes sin un motivo aparente? Seguro que también. Os explicaré los dos últimos casos que me han sucedido que considero más representativos. El primero, un muy buen amigo al que, estando de vacaciones, siento la necesidad de llamar. No tengo nada importante que decirle, simplemente creo que debo comunicarme con él, sin más. Él me dice que estaba estirado en la cama, algo decaído y que se había concentrado en recibir un mensaje positivo. Alucinamos los dos.
El segundo, una persona a la que no veo hace años. Sin motivo aparente, me acuerdo de él y siento una tristeza enorme, prácticamente me pongo a llorar. Entonces decido enviarle un mensaje y preguntarle cómo está y me aventuro a decirle que de repente he pensado en él y me he sentido triste… Y la respuesta es : “vengo de enterrar a mi padre”.
Bien, como decía, estas cosas pueden atribuirse a la casualidad, a la causalidad… A mí me gusta denominarlo “conexiones” porque creo que, de una manera u otra, estamos conectados/as y que nuestro cerebro tiene infinitas atribuciones, muchas más de las que conocemos.

Laura González

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