Volver a saborear de nuevo lo auténtico

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En plena era digital, donde la comunicación es instantánea y el aluvión de información es constante, inclusive a veces intrusivo. Desde hace tiempo, me vengo planteando hasta que punto es beneficioso para nosotros. Da la sensación, que si no tienes un último modelo de móvil o no figuras en las redes sociales de moda, te quedas en fuera de juego.

Con estas palabras no quiero decir que la tecnología sea un escollo a nuestra evolución, más bien pienso lo contrario.  Es la utilidad que nosotros queramos darle.

Quién no ha vivido situaciones de estrés por tener whatsups pendientes por responder, notificaciones de facebook que se van acumulando, fotos en instagram pendientes de ser vistas y decenas de emails ; entre ellos muchos spams y comerciales; sin abrir. Desde luego, estas situaciones y similares son toleradas de alguna manera por nosotros, que nos dejamos llevar por la inmediatez que nos impone nuestra actual sociedad, de la cual somos cómplices.

He de reconocer que en cuanto a algunos asuntos importantes también tiene sus ventajas, como por ejemplo en emergencias médicas o a la hora de comunicarnos a mucha distancia.

Teniendo en cuenta todos estos factores y más que seguramente figuran en la mente de varios de vosotros, como por ejemplo, la manera de jugar de nuestros niños y adolescentes, o sin ir más lejos, el que podáis leer mi blog semanalmente.

Creo sinceramente, que deberíamos volver aunque fueran unos días u horas al mes a recuperar esa magia de dedicarle tiempo a cultivar ese contacto con lo más tangible y auténtico.

Nos hemos separado de una manera voraz de la esencia de las cosas. A penas invertimos en realizar tareas de manualidades, ello conlleva paciencia, dedicatoria, inspiración, imaginación, intuición. Experimentar el tiempo necesario para obtener una experiencia satisfactoria para nuestra vida. Realizar acciones que ocupen nuestra atención plena sin prisas, es un bien escaso que está en desuso y que bajo mi punto de vista, sin practicarlas, nos alejan de nuestro ser y desperdiciamos una ocasión espléndida de descubrir nuestro interior muchas veces velado por nuestras acciones cotidianas automáticas y artificiales.

Por eso, desde estas palabras os invito a todos, en su medida, a recuperar esa pasión por lo auténtico.

Pintar, dibujar, leer libros y revistas en papel, hacer puzzles, pueden ser magníficos puntos de partida para acercarnos a todas esas sensaciones casi olvidadas.

Es más, quien haya vivido en el siglo pasado, recordará conmigo, esa emoción de escribir una carta o postal a un amigo o familiar lejano, donde veías una oportunidad única de contar y transmitir tus vivencias y sentimientos.

 

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Sin descuidar todos los preparativos y aportaciones como fotos, recortes y demás que enriquecían aún más la emisión de la misma. La cuál una vez enviada, no se podía  rectificar o eliminar como ahora sí es posible, y ello provocaba un torrente de sensaciones inigualables y genuinas.

Y que me decís de la espera tan apasionante de recibir noticias de vuelta, ¿habrá llegado bien la carta?, ¿ya me habrá respondido?, esas visitas al buzón eran memorables de ilusión ya que podían ser días o semanas de demora.

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Con respecto al bello arte que es para mí la correspondencia por carta, quería compartir con todos vosotros una preciosa anécdota que guardo con mucho cariño de mi visita a La India.

Agosto de 2005, última semana de un intenso y cautivador viaje a todo un sub-continente de contrastes.

Después de llevar 3 semanas fascinantes recorriendo varios lugares emblemáticos como la Fundación Vicente Ferrer, Taj Mahal y Varanasi (Benarés) entre otros, me disponía a visitar la mítica región del Rajastán. Hallándome en su capital Jaipur, me dispuse a perderme por el clamor i caos “controlado” de sus calles para así adentrarme aún más en su esencia más pura.

No me sorprendió que unos chicos en una motocicleta me abordaran con varias preguntas como que dónde era y a qué me dedicaba…, la sorpresa fue cuando me invitaban a subir en la moto para llevarme a un sitio donde se encontraba un amigo suyo. Al parecer éste, tenía una carta de una amiga italiana que yo al ser español podría traducirle. Todo esta conversación en el inglés tan particular que hablan los indios, que curiosamente entendía bastante bien.

Por lo que pude comprobar en mis veintitantos días de estancia en el país, no era para nada peligroso, pero ya sabemos que en todos los sitios cuecen habas y yo no tenía ni idea de donde estaba ni a donde iba, por no sumar que la noche acontecía. Quedé a merced de estos jóvenes y sin dudarlo me aventuré a confiar en ellos.

Por ir al grano de la cuestión, os cuento que mi decisión fue acertadísima, tendríais que haber visto la cara tan embelesada que ponía el chico al ir traduciéndole la carta al inglés. Ni que decir tiene que me retornaron al punto exacto donde me habían recogido, no sin antes regalarme una sonrisa inolvidable como solamente ellos pueden transmitir.

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Enviar una carta es una excelente manera de trasladarse a otra parte sin mover nada, salvo el corazón.   -Petronio

 

4 comentarios

  1. Realmente, sería recomendable volver a conectar más con el momento presente, prescindiendo algún tiempo de las nuevas tecnologías y el stress que muchas veces nos conlleva. Yo también recuerdo la emoción de escribir cartas y recibirlas. Durante dos años escribí una por semana a una amiga mía que se había ido a Italia. Y ella a mi. Confidencias de amigas. Gracias por este interesante artículo.

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