Mi primer cuento para niños.-Y dibujando y dibujando.

El siguiente mini cuento lo escribí hace muchos años. Supongo que, porque la niña herida que fuí, aún no había sanado y perdonado. Los niños son por ignorancia emocional, a veces, crueles y sus palabras hieren y luego hay que pasar por un largo aprendizaje de autoestima y de perdón. No se trata de buscar culpables, sino de aprender que por mucho que creamos y sintamos que somos seres espirituales, nuestra naturaleza humana tiene luces y sombras. Aprender a perdonar es vital para no quedarse anclado en el pasado y en la rabia. No un perdón religioso (me hiciste daño y yo te perdono) sino un perdón de reconozco que fue un error tuyo por ignorancia y mío por falta de madurez. Solo hieren las palabras si las aceptamos como verdaderas. Los adultos de hoy, compañeros de mi infancia, solo fueron herramientas para un aprendizaje de vida.

Hoy con este cuento perdono ese daño y confío en que como en el cuento sigan sucediendo muchos milagros. Un pequeño gesto puede ser el principio de grandes cambios.

“Cada día María iba al parque de su nuevo barrio y se sentaba en el mismo banco de madera para observar con sus curiosos ojos como los otros niños jugaban en la arena, en los toboganes, en los columpios. Ella no tenía amigos con quien jugar. Era demasiado tímida para acercarse por sí misma a los críos a quienes veía, día a día, reír y divertirse. Y era una verdadera lástima, porque en su imaginación creaba cientos de juegos nuevos que seguro hubieran gustado mucho a sus compañeros de parque.
Un día, un niño se sentó al lado de María y sin dirigirse palabra ambos comenzaron a dibujar en la arena. Ella dibujaba una casa con una chimenea y amplios ventanales. Él, a su vez, un gran huerto con todo tipo de verduras y hortalizas (como las que su madre le daba de comer de forma habitual). Y dibujando y dibujando, pasaron casi tota la tarde, lanzándose sonrisas de complicidad por ese juego compartido hasta que algo maravilloso ocurrió…
Un tercer niño se acercó y dibujo un camino que unía la casa con el huerto.”

Xesca Molina López.

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